Quién es Charles Darwin, teoría, biografía, resumen

¡Buenos días! Nuevamente te traemos información sobre algún personaje mitológico, religiosos o esos individuos que con sus maravillosas elucubraciones realizaron descubrimientos inauditos. Sobre todo en relación a lo último, hoy te contaremos un poco sobre Darwin: algo de su teoría, y grajeas que no conocías de su vida. Una miscelánea maravillosa que te encantará. ¡No te pierdas la nota!

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Freud no era ningún tonto a la hora de emplazarse entre los seres más mordaces, disruptivos de la historia. El habla de tres heridas narcicistas del hombre, que dicho vulgarmente serían como hechos, descubrimientos que bajaron al humano de su pedestal etéreo, ahí arriba junto a los dioses. La primera herida sería producto de Copérnico: el muchacho se atrevió a decir que la tierra no estaba en el centro del universo, sino en todo caso giraba con otros astros alrededor del gran Sol. Terrible. La tercer herida (ya verán porque nos salteamos la segunda) sería producto del mismo maestro vienés, creador del psicoanálisis, al hallar algo llamado inconsciente, una instancia que regularía más de lo que se imaginaba al hombre. Es decir, adiós a la idea filosófica arraigada de que el ser hombre es pura conciencia. Muy terrible. Pero la segunda herida, la que nos interesa,la infringió un británico llamado Charles, de apellido Darwin, quien fue tan desfachatado que propuso que el hombre no era imagen y semejanza de un Dios, sino que descendía de primigenios homínidos. Demasiado terrible.

Así comenzamos con esta sucinta biografía de Darwin, quien nació en Sherewsbury un 12 de febrero de 1809. De familia numerosa (tenía un hermano y cuatro hermanas) el joven desde pequeño descolló en un ambiente de médicos. Su padre lo fue y exitoso, incluso también su abuelo paterno, Erasmus, que entre patologías y cirugías, esbozaba las más cándidas poesías sobre el sistema de Linneo.

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Solemos glorificar muchas veces a los grandes pensadores universales: si no fueron marmóreos en su accionar, por lo menos mejor es que hayan sido sumamente lúbricos y pendencieros, una especie de escritor norteamericano carcomido por los excesos. Pero no: Darwin tuvo una vida normal en ese punto, con algunas máculas como cualquier ser humano. De adolescente, su vocación naturalista se vislumbraba en la colección de animales, aunque su conato de estudiar medicina en Edimburgo fue sólo eso: su extrema hipocondría lo mantendría alejado por miedo a cualquier quirófano. Luego intentaría realizar estudios de teología en Cambridge, su padre no quería que se convirtiera en un ocioso. Sin embargo el resultado no fue positivo, ya que el por entonces jovencito gastaba su tiempo en aficiones como la caza y tertulias con amigos.

Pero hay amistades que a uno lo destinan, y en sus clases, un poco desdeñadas, conoció a John Henslow, botánico que determinó sus intereses y viajes a futuro, sobre todo el tan famoso en el Beagle. Ahí Charles, en algunos años, hizo sus máximas observaciones, con rudimentos de teoría. Un periplo que disgustó a su padre y a Robert Fitzroy, capitán de la embarcación, a quien la fisonomía de Charles le disgustaba más. No tenía la nariz del marinero, no.

Sin embargo, recorrer con fines topográficos todo el hemisferio Sur, desde las costas chilenas y Argentinas, hasta Nueva Zelanda y Australia sirvió de mucho.  Entre flora y fauna, formuló su doctrina de la formación de arrecifes, se preocupó en detalle por la geología y, lo más sustancial, escudriñó diferencias entre especies de animales similares, pero de lugares distintos. La estabilidad así se ponía en entredicho.

Cuando regresó, con problemas de salud que nunca va a poder saldar, la vida de Darwin será meteórica: 1835 en adelante lo tendrá como un ser metido en sus estudios, diagramador de sus tesis principales, padre de 10 niños, nuevo vecino del condado de Kent y creador de un libro que hará historia por siempre como El origen de las especies, que vio luz en 1859. Sí, las especies se adaptaban, tenían cambios fenotípicos y por una selección natural quedaban las más capaces tras sobrevivir a las modificaciones circunstantes. La publicación, por su parte, no fue sencilla: es que Alfred Wallace, naturalista eximio, había llegado a similares conclusiones antes que él. El entuerto de todas maneras fue resuelto, reconociendo el último que Darwin coadyuvó mucho en lo detallista y en su poder para interpelar a los más sagaces críticos.

Reducido en su instancia de Down, los escritos de Charles posteriores no van a tener gran resonancia, culminando su viaje intelectual con un trabajo menor sobre emociones de animales y humanos, además de circunscribirse a la botánica. De 1871 a 1882 se mantuvo recluido por problemas de salud, muriendo de un paro cardíaco el 19 de abril de ese año. El revuelo ya estaba hecho; la herida narcisista no cicatrizaría nunca más.

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